lunes, 27 de febrero de 2012

UNA INVESTIGACIÓN PRIVADA

Hace días que no llueve, lo cual es de agradecer, pues facilita mi investigación. La lluvia limpia las aceras y tejados pero también borra pistas sutiles que solo alguien con mis cualidades puede percibir. Se lleva indicios y trae consigo la prisa. Y es incómoda. Los transeúntes huyen despavoridos de la lluvia como si fuese ácida. No se lo recrimino, pero podrían ser más cuidadosos, mirar, sortear, disculparse…

A nadie en su sano juicio le apetece mojarse, me parecería absurdo permanecer bajo la lluvia como un espantapájaros en medio de la gran manzana. Como Gene Kelly en aquella absurda película que proyectaron en el viejo cine de verano... ¡Qué felicidad! ¡Qué estupidez!

El caso es que el invierno está siendo benigno en ese sentido esta vez, aunque quizás haga demasiado frío… No soporto el frío. Me ralentiza los movimientos, me tensa los músculos y me crujen las articulaciones. No es que esté mayor pero no he tenido una buena vida. Podría decirse que soy un tipo que se ha hecho a sí mismo. No quiero aburrirles ni  autocompadecerme, pero fui abandonado al poco de nacer y eso es un hecho objetivo. Conozco la calle y sé moverme bien, no busco problemas si los problemas no me buscan a mí. Y aunque a veces tuve encontronazos, peleas y heridas, entiendo que es el modo de vida que me tocó vivir y tuve que aprender a caer de pie. Me gano la vida como buenamente puedo. He robado y me he hecho el tonto cuando fue necesario. Aprovecho mis cualidades y preveo las circunstancias oportunas para que se den una serie de  causas que me favorezcan, eso es todo. Nunca he atacado a nadie pero sí me he defendido. Y hasta ahora me ha ido bien.

Soy un tipo solitario, taciturno. No me gustan los problemas y la gente siempre trae problemas. Voy de acá para allá, no voy donde no me quieren y no pido la aprobación general. No tengo amigos porque no los necesito. Esto es importante, procuro evitar crearme necesidades, porque con el tiempo nos convertimos en sus esclavos. La vida ya te equipa con una serie de necesidades básicas que debes suplir para continuar en este juego, el resto son superfluas. Mucha gente no entiende esto, les choca, les desorienta e incluso hay quien se enoja porque no comprenden que haya otra forma de vivir diferente a la que les han enseñado sus padres y la escuela. Pero ya dije que no conocí a mis padres y, evidentemente, nunca he ido a la escuela.

No obstante, de vez en cuando me dejo caer por casa de una conocida. No se puede decir que seamos amigos pero es una buena persona. Se pasa las horas sentada frente a una vieja Olivetti 64, escuchando música jazz en un tocadiscos y fumando incesantemente. Esto último no me hace mucha gracia pero ya digo que es una buena chica, agradable, no me agobia y siempre tiene algo que ofrecer. Supongo que ambos cubrimos nuestras soledades pero sin contraprestaciones ni malos rollos.
Ahora que lo pienso, hace tiempo que no le hago una visita… Me la imagino fumando, escuchando al viejo Miles y tecleando sin parar hasta altas horas de la madrugada, siempre junto al diminuto balcón abierto, dejando entrar el ruido de la vida. Quizás vaya a verla más tarde.

La investigación está en punto muerto desde hace un par de días más o menos, la verdad  es que nadie me contrató pero me resulta imposible luchar contra mi curiosidad natural y, siendo sinceros, este caso es bastante llamativo. Si habéis leído los periódicos últimamente no creo que haga falta poneros en antecedentes, además ha sido algo muy comentado en todo el barrio. No todos los días echa el cierre un local tan emblemático de la noche a la mañana. Yo lo he conocido desde que tengo uso de memoria y me consta que ya era antiguo antes de que yo conociera su existencia. Dicen que estaba allí de toda la vida. Aunque eso lo dudo.

El caso es que en una de mis habituales rondas callejeras, quizás me hayas visto alguna vez aunque suelo pasar bastante inadvertido (es esencial para mi supervivencia, dedicándome a lo que me dedico), constaté que la persiana mohosa aún estaba echada. Nunca llevo reloj pero era evidente que a esa hora debía estar abierta siendo un día de diario. Pero nada, la chapa aún estaba cerrada, con el hedor inconfundible de las micciones de los perros que corroían las esquinas. ¡Cómo odio a esos bichos! Son  dóciles hasta el hartazgo, bobalicones, sin personalidad, siempre a expensas de lo que quieran sus estúpidos dueños, meneando la cola ante la más mínima carantoña, siempre buscando la aprobación ajena. Bufones, engreídos, mejores amigos del hombre… ¿Amigos? Imbéciles, creced, no hagáis lo que se espera de vosotros a ver dónde aparecéis al día siguiente… ¡Esclavos consentidos! ¡Qué faltos de dignidad! Por no hablar de lo sucios que son, cómo huelen, hacen sus necesidades en cualquier parte, no se limpian… Definitivamente los perros son odiosos. Aunque haciendo un ejercicio de honestidad, puedo entender a sus dueños: Tienen a un esclavo por poco esfuerzo y que jamás se quejará. Un chollo. Bueno, que me marcho por las ramas como dicen, pero es que es un tema que… En fin, que el local estaba cerrado.

Al principio no le di mayor importancia, pensé que el dueño, un tipo huraño y con malas pulgas, estaría enfermo o vete tú a saber qué. Pero con el pasar de los días me fui preocupando, era uno de mis locales favoritos del barrio, de esos que te hace la vida un poco más llevadera. Y aunque he tenido peligrosos enfrentamientos en el callejón de atrás, me he hecho respetar entre los parroquianos.

Ayer por fin volvieron a abrir las puertas pero lo que encontré me dejó totalmente descolocado. Era un lugar totalmente nuevo, desconocido. Tuve que cerciorarme bien de que era la misma calle y el mismo número. Era como un sueño. ¿Qué digo un sueño? Una pesadilla.

Había amplios ventanales que casi llegaban al suelo, con una puerta grande de madera, acristalada. En el interior, varias mesas de despacho con cómodas y mullidas sillas con reposabrazos para los trajeados dependientes. Y una pared entera con fotografías de casas y chalets en venta y para alquilar.

¿Qué significaba todo esto? , ¿Dónde estaba la mohosa persiana?, ¿Dónde estaba el hombre del delantal y los cuchillos?, ¿Dónde los expositores de metal recubiertos de nieve?, ¿Dónde? Oí a una vecina decir que por culpa de la crisis habían traspasado la antigua pescadería. Sigo investigando aunque no sé muy bien qué significa la palabra “crisis”. Claro que yo solo soy un gato.

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